Hemos topado en estos últimos días con una expresión curiosa: la gota malaya, con el significado de algo que resulta recurrente, tormentoso incluso. Indagando sobre su origen, parece que se atribuye la expresión –por error o por creación– a Felipe González refiriéndose a Pasqual Maragall, quien resultaba tenaz exigiendo financiación para los Juegos Olímpicos de Barcelona.

¿De dónde sacó Felipe esta expresión? Pues seguramente del cruce de dos instrumentos de tortura: la gota china y la bota malaya. La primera consistía en colocar al reo de manera que le cayera una gota de agua en la cabeza (podía ser en la frente o en el cráneo previo afeitado) y la segunda, en introducir el pie del acusado en una especie de bota de madera o metal que se iba apretando hasta romper los huesos del pie.

¿Y qué dice la RAE al respecto? ¿Qué expresión debemos utilizar? Hemos encontrado un tuit en el que señala que tanto gota malaya como bota malaya se utilizan como sinónimas de ‘tortura’, pero si queremos hacer referencia al método de tortura, usaremos solo bota.